Cuando pensamos en una empresa, la que sea, lo primero que se nos viene a la cabeza es su imagen, representada fundamentalmente por el logo. Hablar de logo es hablar de identidad, por lo que un diseño acorde con nuestros valores es imprescindible para diferenciarnos.

En la sociedad en que vivimos -caracterizada por la saturación de información donde lo visual cobra un protagonismo especial- contar con un símbolo característico de nuestra entidad es un requisito obligatorio. Pero un buen logo no solo nos identifica de manera visual, sino que implica todo un procedimiento psicológico que conlleva a que identifique también qué hacemos y cómo lo hacemos.

En el ámbito de comunicación de empresa es frecuente hablar de “crear comunidad”, de comunicarnos con nuestros clientes y empleados y lograr que estos se sientan parte de un grupo con el que compartir una filosofía de vida. La creación de un logotipo es sin duda el primer paso para ello.

No importa si tu empresa es pequeña, si se circunscribe  a una pequeña localidad; es más, un buen logo puede ser la llama que encienda la mecha y le de un impulso importante.

Cuando creamos un logo estamos hiendo una promesa. Aquí entra el producto o servicio que ofrecemos, sus propiedades o características, los estándares de calidad que nos marcamos, el público al que queremos dirigirnos, nuestra filosofía, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir.

Pero como todo, la construcción de un buen logo es también un proceso complejo que requiere de atención, cuidado y seguimiento de unos pasos.

Dentro de esto, se pueden distinguir varios tipos:

-El logotipo: es el nombre de la empresa/entidad/organización. Se puede leer. Es muy importante el estudio de la tipografía.

-El isotipo: imagen, símbolo que funciona individualmente.

-El imagotipo: combinación de nombre e imagen.

-El isologo: cuando el imagotipo no se puede presentar por separado.

¿Cómo distinguimos entre un buen logo y uno malo?

Para empezar, el logotipo debe cumplir con una serie de características, entre ellas es muy importante la pertinencia, debe ser adecuado a lo que se quiere expresar. También debe ser original, diferente, para permitir que el proceso de identificación se de en beneficio de nuestros intereses. Se suele seguir la norma de que cuanto más sencillo, mejor, pues esto fomentará la memorización del mismo. En consecuencia, se obtendrá respuesta por parte de nuestros públicos.

Además, se suelen utilizar cuatro parámetros para identificar si un logo es bueno o no. Estos son: reproductibilidad, legibilidad, pregnancia y declinabilidad.

No son conceptos complicados, pero sí es necesario que se conozcan y se entiendan. A la hora de diseñar un logo, sea desde cero o una renovación, lo fundamental es acudir a profesionales que te guíen y te ofrezcan distintos diseños. En QDR somos expertos en este ámbito. Si quieres saber más, ¡contáctanos!

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